viernes, 20 de octubre de 2017

Pepsico: Un balance necesario



La lucha de Pepsico es muy rica en lecciones a extraer. Lecciones que ningún partido debe negarse a sacarlas y menos aún a sentirse ofendido por el balance que se haga. Ayer fue AGR en Gráficos donde el PO retiró la exigencia, a la burocracia, del congreso de delegados del gremio y poco a poco fue dejando de denunciar y exigirles, al punto que cuando edita la revista Viva de los Trabajadores ni la nombra a está, cuando en realidad la única forma de triunfar era, en el marco de la lucha contra la patronal y el gobierno, cambiar las relaciones de fuerzas internas en el gremio para poner al sindicato al servicio de la lucha. Gremio grafico que seguirá siendo golpeado con toda clase de flexibilización laboral por los cambios técnicos en la producción del rubro. Pero el PO no sólo no tuvo esa política, sino que tampoco quiso impulsar un llamado a un Congreso Obrero de Delegados de Base Nacional, para nuclear a comisiones internas, sindicatos y seccionales sindicales, y desde allí crear un polo de lucha. Sino que se limitó a la lucha por la solidaridad para "romper el cerco mediático" del grupo Clarín y la prensa patronal en general, como si los obreros hubieran ganado alguna vez una lucha de tales características meramente con la información real de lo que ocurre. A la patronal no le mueve un dedo que se sepa que despide, si el despido está contemplado por ley y este gobierno lo avala a ultranza. Pero el querer romper “el cerco mediático” era para la opinión pública en general -y en particular, pequeño-burguesas de las redes sociales-, porque para los trabajadores del gremio -ni los otros- no sacaron ni un Boletín de lucha. Y termina, la Comisión Interna con la orientación del PO, frente al Juez y la Policía, entregando el establecimiento tomado sin ninguna resistencia.
Hubo diferencias entre la lucha de AGR con la de Pepsico pero no muchas, porque en definitiva se trata de la misma política de las patronales de cerrar plantas para reducir personal y explotar más a los trabajadores.
La primera diferencia muy clara es que la patronal de Pepsico ya venía llevando un plan de arreglos de indemnizaciones desde hacía más de un año y la Comisión Interna nada denunció en campañas en el gremio, ni en el barrio, ni el PTS desde su prensa. La patronal logra naturalizar el despido logrando que el grueso de los obreros, incluso la Comisión interna, su sector más avanzado, se resignen a agarrar la indemnización y a no luchan por su puesto de trabajo. Cuando se produce el cierre de la planta sólo era 60 de 600 compañeros que eran a principios 2017, recién reacciona la Comisión Interna. No nos olvidemos que el PTS dirige esa fábrica hace 14 años.
El conflicto comenzó con menor repercusión que el de AGR, tal vez porque los pocos trabajadores se encontraban acampando en la puerta de la fábrica, pero dos semanas después, tras la toma de la planta, la situación cambió mucho.
Después de haber perdido burocráticamente una asamblea en el gremio, la Comisión Interna se centra en impulsar la solidaridad y la difusión del conflicto, y el boicot a lista de productos de Pepsico, con la idea de que la empresa no iba a querer perder el stock que tenía en la planta y que tenía fecha de vencimiento. También la idea de impulsar una campaña de boicot comercial a sus productos. Ambos ejes apuntaban al mismo lugar; hacerle perder plata a la empresa. Todo esto se decía desde la Comisión Interna en las asambleas, como si en los cálculos de la empresa eso no hubiera estado analizado, y no lo vayan a recuperar en los futuros ejercicios económicos de los próximos años, y con creces, porque lograron imponer mayor explotación.
De igual forma que en AGR, después de negarse la Comisión Interna a llamar un Congreso o plenario obrero, las asambleas abiertas se tornaron cada vez más en organizativas, sea para la solidaridad o para la defensa de la toma. Pero despolitizadas. Recién después del desalojo y la resistencia a él, y aquí marca la principal diferencia a la lucha de AGR, que el conflicto empieza a tomar más relevancia política, pero al mismo tiempo esa politización es llevada hacia el lado electoral, orientación decidida por el PTS, primero porque dirige el conflicto, y también porque sus figuras públicas estuvieron en la puesta de fábrica resistiendo a la Policía y Gendarmería. De allí la engañosa frase de Del Caño, referente del PTS, que, para increpar al kirchnerismo, dijo que “con 20 diputados en la puerta de fábrica se hubiera parado el desalojo”. Cuando los diputados de los partidos obreros deben estar en la lucha, pero lo que define la lucha son las relaciones de fuerzas y no ellos. Y menos aún los diputados de los partidos patronales, aunque se pinten de izquierda. A los que dicho sea de paso no hay que exigirles que estén: hay que denunciarlos directamente mostrando su carácter de clase por más progresistas que digan ser.
Pero el PTS, después de muchos años dirigiendo esa fábrica, y con un importante trabajo en el gremio de la alimentación, no sólo se dedicó a sustituir a la clase, sino que, con sus figuras públicas, como Del Caño y Bregman, también llamaba a los diputados kirchneristas a que los ayude en esa tarea. Posteriormente, la entrevista, en plena campaña electoral, entre Cristina Fernández de Kirchner con las obreras de Pepsico fue parte de eso. Una capitulación que raya con los principios de independencia política de clase, porque, en definitiva, esa entrevista Cristina Kirchner la necesitaba para lavarse la cara anti-obrera por la represión a las reiteradas luchas de los trabajadores durante su gobierno.
Después de realizar una importante marcha donde se sumaron dirigentes sindicales de la CTA, que conducen importantes gremios, el conflicto entró en una pequeña meseta. Hasta la represión a la marcha que iba al Congreso a entregar un petitorio le dio más fuerza política e impuso la carpa frente al Congreso. Pero igualmente el PTS paso a llevarlo todo al terreno electoral depositando expectativas en que un buen resultado electoral iba hacer que el gobierno retrocedería (¡¿retroceder un gobierno que es de las multinacionales mucho más que el anterior, que también reprimía las luchas obreras?!!!) e instalaron una carpa frente al Congreso, con el reclamo de una Ley de expropiación de la planta Florida de Pepsico para transformarla en un bien de utilidad pública. Que vaya a ocurrir tal cosa no es más que un autoengaño. 
Hoy el conflicto languidece con el mismo reclamo, sin haber editado un Boletín de lucha para trabajar en la base del gremio, y su dirección sin querer llamar a un Congreso Obrero de Base para nuclear, y coordinar, las Comisiones Internas, los sindicatos y las seccionales sindicales que quieran enfrentar el ajuste, los despidos y la flexibilización laboral.

 Exigencia y denuncia a la burocracia sindical

La lucha de los trabajadores de Pepsico, como antes la de AGR, volvió a traer el tema de la táctica de exigencia y denuncia a la burocracia sindical como una cuestión importante a ser tenida en cuenta para combatirla.
En las dos luchas se llamaba a los dirigentes sindicales burocráticos a participar de acciones, actos, marchas, etc. en solidaridad por la reincorporación o por la reapertura de dichas fábricas. Y cuando hacían esas acciones, muy claramente ocurrió en la marcha por Pepsico, marchaban en la primera fila, para la foto, los dirigentes de la CTA, por el gremio docente Baradel, por el subte Pianelli, y varios más. Pero los organizadores, como el PTS en este caso, con tal de tener a esas figuras en la marcha o acto nada les exigían.
Estos burócratas van gustosos a posar de luchadores y a sacarse fotos con la que empapelan sus oficinas diciéndoles a la base de los gremios que dirigen que estuvieron luchando contra los despidos y la flexibilización laboral. Así hacer estas acciones en nada los compromete porque nada se le exige, y al mismo tiempo acrecientan su prestigio frente a la base de su gremio. De esa forma la izquierda clasista, que se postula para ser la nueva dirección sindical, no hace más que prestigiar a la burocracia que posa de luchadora.
Paradójicamente la burocracia sindical kirchnerista, que poco hizo por AGR, cuando el gran enemigo del gobierno de Cistina Kirchner era el grupo Clarín, sí se mostró mucho más apoyando la lucha de Pepsico. Pero esa paradoja no es en absoluto una contradicción, o que antes hayan estado lentos de reflejos, sino que la lucha de Pepsico se da tres meses después en plena campaña electoral, con una gran repercusión mediática tras el desalojo, y este peronismo de izquierda no puede mostrarse lejos de las luchas obreras. O sea, no solo se prestigian frente a su base, sino que al mismo tiempo arrastran votos obreros para candidatos patronales. Entonces, con más razón había que exigirles, no hacerlo es una capitulación política a una fuerza burguesía.
 Por supuesto que hay que exigirle que estén, son dirigentes del movimiento obrero, pero también hay que exigirles que realicen, no lo que quieran, sino lo que la lucha necesite. En este caso no está sólo en juego los 600 puestos de Pepsico, o los 500 de AGR, lo que está en juego es la flexibilización laboral para toda la clase obrera. Y sólo se puede derrotar al Gobierno de Macri y su plan de super-explotación, desocupación y miseria con la Huelga General y un plan de lucha discutido y votado en la base obrera. Huelga General que hoy no va a ser convocada por la burocracia sindical de la CGT, pero un Congreso Obrero de Delegados de Base -que unifique a los trabajadores ocupados con los desocupados, y a los estudiantes en lucha- puede imponerla.

Un pequeño pero significativo suceso

Cuando se realizó la conferencia pública en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) para presentar el proyecto de ley por la expropiación de la plata de Florida de Pepsico, en dicha reunión estaban trabajadores y representantes de todas las fuerzas políticas del clasismo, y también la mesa tenía burócratas de la CTA que acompañaban a los dirigentes sindicales de Pepsico.  
Claro está que los miembros de esta mesa, principalmente los burócratas sindicales de ATE y la CTA, estaban a favor de dicho proyecto de ley, porque ese apoyo no los comprometía en nada, así que hablaban despotricando contra el gobierno y sus planes. Y en esa tónica continuaron las intervenciones tanto de los dirigentes como de los representantes de los partidos y corrientes. Hasta que una compañera de la LCT dijo, y preguntó, “eso está bien, pero ya que los dirigentes de ATE y la CTA están acá, porqué, para frenar la flexibilización laboral y el ajuste, ¿no llaman a un Congreso Obrero de Delegados de cara a las bases donde puedan estar delegados de todos los gremios del movimiento obrero?” y las intervenciones cambiaron rápidamente de cadís y empezaron a darle la razón a la compañera. Sin embargo, rápidamente el compañero dirigente de Pepsico, y militante del PTS, salió a justificar la inacción de los burócratas sindicales, diciendo que él también planteaba lo mismo, pero ahora se estaba por el tema de la ley, etc. etc. Y enseguida se levanta la reunión y los burócratas se fueron rápidamente entendiendo que no les convenía quedarse a discutir nada. Porque, en definitiva, ellos no quieren realmente luchar contra el ajuste y la flexibilización laboral. 

La adaptación al regimén los lleva a capitular

No llama tanto la atención que ni Izquierda Socialista, ni el Nuevo MAS y menos aún el MST, le realicen importantes críticas al PO o al PTS por sus políticas en los conflictos de obreros de AGR y Pepsico, y también en la lucha docentes de principios de año donde todos fueron a la saga de Baradel. Y no llama la atención porque no se trata de cuestiones sindicales que pueden ser resueltas en el marco sindical corrigiendo este o aquel error. Estas cuestiones sindicales, donde se terminan capitulando a la burocracia sindical -y por ello a la clase dominante- o depositando expectativas en el ministerio de trabajo o en la justicia burguesa, son principalmente políticas.
En todo partido obrero, y mucho más en un partido que pretenda ser revolucionario, siempre es la política la que va delante de la cuestión sindical, si la política es correcta, la cuestión sindical es correcta en general, aunque haya que hacerle este o aquel ajuste, pero nunca si es al revés, o sea, que lo sindical condicione a lo político. Y cuando un partido obrero, o grupo, mantiene esas concepciones políticas de adaptación al régimen democrático burgués, lo condiciona todo; en el plano sindical, de la táctica electoral, de la aplicación de la táctica del FUO, etc., etc.
En Argentina se combina la presión democrática burguesa de las extensas clases medias junto al atraso político de la clase obrera que lleva a estos partidos y grupos a doblarse por lo más fácil. Se trata de un revisionismo -oportunista de derecha- del marxismo con muchas variantes, pero al mismo tiempo con características muy claras.
                                                                
   Marcelo Ríos 

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